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El mar es lo que es la mar es eso en lo que se está. Almirante Eliseo Álvarez Arenas, miembro de la RAE

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EL CARENADO

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Un año más, la campaña comienza por el carenado. Son días de esperanza y de trajín que coinciden con el despertar de la primavera.

Lo primero que hacemos es rescatar el barco del frio, de la humedad y de la encerrona del invierno. Quedan atrás los tenebrosos temporales de Enero cuando el sol recorre a poca altura el cielo y el Gofo de Vizcaya se muestra despiadado con toda su mala sombra.

Dos jornadas de trabajo han de ser necesarias para hacer una buena limpieza del interior y de la cubierta: hay que abrirlo y vaciarlo todo, armarios, cofres y registros. Alargando la mano en posturas incómodas procuras limpiar y secar bien todos los rincones a donde puedas tener acceso razonable. Este "fondeo" del barco, sirve para descargarlo y volver a plantearse el armamento necesario, eliminando lo que no se utilizó y pertrechando lo necesario en función de los nuevos proyectos del año. Al tiempo, el barco se ventila bien en estos días que ya son templados mientras te empleas a fondo con el aspirador y los productos de limpieza. A la cubierta le pasamos la ya popular karcher y el "broom" (cepillo), además de algo de pulimento para eliminar alguna mancha agarrada en el Gel.

El conjunto de estos primeros trabajos es también un chequeo anterior al carenado que se hace con papel y bolígrafo: así hacemos una buena lista de "trabajos a realizar".

El carenado como tal es una labor agradecida que se hace normalmente en una jornada si se dispone de un poco de ayuda. Aquí viene bien un par de amigos sacrificados o un par de hijos protestones pero a a la postre obedientes, o en el mejor de los casos un buen "marinero Mansilla", amigo, navegante y alumno disciplinado, todo al mismo tiempo. La cita con la grúa es el primer paso y llevar el barco al foso el segundo. Pronto, el velero es izado en las alturas y transportado con rapidez para apoyar la quilla y apuntalarlo bien adrizado. El ambientillo es inconfundible: el ruido de la máquina y la mezcla de olores además de la prisa para poner bien las cuñas de apoyo. En unos minutos el barco está rígidamente varado y la carena espera nuestras atenciones.

Montas la manguera del agua y el cable eléctrico, pones la escalera y vestido con un traje de agua viejo en seguida estás aplicando el chorro limpiador de agua a presión que produce la ruidosa karcher que ahora tiene todo el mundo y que antes se alquilaba. En apenas una hora, la carena ha de estar limpia mientras aprovechas para dejar inmaculada toda la obra muerta aplicando nuevamente pulimentos y abrillantadores, como si fuera una labor de maquillaje. Una vez hecho esto, hay que perfilar la línea de flotación con cinta (los franceses utilizan una cinta de plástico que es mucho mejor que la típica de papel que luego no hay manera de despegar) y vas abriendo los botes de pintura, la conocida "pintura de patente" o "patente" a secas, es decir, la pintura que se aplica a la obra viva con objeto de que no se adhieran los musgos y el escaramujo. A razón de cuatro kilos por año, unos doscientos euros de Hempel Mille Dynamic  autopulimentable. Además, cambiamos el ánodo de la transmisión, montando y desmontando la hélice y limpiando el colector del agua de refrigeración del motor, sin olvidarnos de cambiar el aceite del inversor y del Sail Drive (nuevamente el sistema de transmisión)

Por la tarde el barco navega de nuevo.

Las siguientes jornadas las dedicamos a la atención al motor (los consabidos cambios de aceite y filtros GO y aceite), a las baterías y el circuito eléctrico y continuamos aparejando velas escotas y drizas. Todos los años, cambiamos algunos aparejos y poleas para que el barco vaya mejorando poco a poco, con materiales mejores que los que el barco trae de serie, que siempre son bastante ajustados de proporción y de calidad. Cambiamos también alguna driza y algunas escotas. Además, una de nuestras velas va cada año a Mallorca (Novosail) para el lavado y el ennoblecimiento de manera que viene rejuvenecida como una actriz famosa al cabo de los años cuando la arreglan un poco. Además, hemos encargado una funda "Lazzy-bag" nueva con una red por la parte inferior, para no acumular el agua y ventilar mejor la vela cuando está cerrada la cremallera.

Queda aligerar y engrasar todos los pasos de los cabos por las roldanas y reenvíos: hace falta subir al mástil para revisarlo todo, limpiar y engrasar el carril de la mayor.

TOTAL: nueve jornadas laborables.

Por último pertrechar el barco de las cajas de herramientas revisadas y limpias, revisar el material de seguridad completo, botiquín incluido, hacer las pruebas de navegación y como no, afrontar los trámites de despacho en la Capitanía Marítima, y aquí sí que nos encontramos con el paso más incierto y áspero de todo el proceso: si lo demás se puede calcular en el tiempo y presupuestar en lo económico, ahora nos enfrentamos a un futuro incierto ¿qué nuevas interpretaciones de la norma nos esperan esta vez? ¿bastará una mañana para obtener la firma y el sello en nuestro documento de despacho o serán necesarias arduas discusiones y varios viajes para que no carguen sobre nuestras espaldas, una vez más,  nuevas obligaciones administrativas?

 

 

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