
Es difícil imaginar cómo pueden sentirse lo tripulantes de los barcos que integran la flota de la regata oceánica Volvo Ocean Race 2008-2009 transcurrido más de un mes desde el inicio de la 5ª etapa en el puerto chino de Qingdao.
Los cinco veleros que lograron tomar la salida, navegan ahora en la aproximación al Cabo de Hornos, más al sur del paralelo 50, en las condiciones extremas de los confines del Océano Pacífico Sur. Es evidente que “Life at the extreme”, la expresión que acompaña en todo momento a las presentaciones de la VOR, traduciéndolo por “La vida en el límite”, no es un lema tópico para la experiencia de los hombres que participan en este singular evento deportivo y humano.
La etapa anterior, la cuarta, entre los puertos de Singapur y Qingdao, supuso una durísima prueba que dejó fuera de combate a tres de los barcos participantes como consecuencia de averías y roturas diversas, producidas por la inusitada dureza de los temporales que tuvieron soportar en una ruta hasta ahora nunca realizada en una regata oceánica de estas características.
12.500 millas, es la enorme distancia que separa los puntos extremos de la etapa actual, cuyo término está previsto en Río de Janeiro, en torno al 21 de marzo.
El reducido grupo de cinco veleros “VOR 70”, liderados por los equipos escandinavos del “Ericsson 3” y “Ericson 4” navegan a velocidades medias superiores a los 20 nudos en las condiciones habituales de estas regiones oceánicas, es decir, aguas frías, persistencia de temporales y navegación a rumbos portantes.
En las imágenes y videos que llegan vía satélite y que podemos ver en la página oficial www.volvooceanrace.org se observan muchas manifestaciones del rigor y la dureza de la competición en un clima extremo. Sin duda, la Volvo Ocean Race, es una experiencia al límite en varios aspectos, el humano, el material y desde luego, el intangible, es decir, el que se refiere al milagro de que los veleros y los hombres resistan esfuerzos tan prolongados como temibles.
El único barco español que participa en la etapa actual, el “Telefónica Azul” es un ejemplo de ello, ya que desde el principio de esta etapa, ha tenido la mala fortuna de encadenar averías complejas que se han solucionado gracias a la pericia indómita de su experimentada tripulación.
Otro de los problemas a los que se enfrentan estos nuevos barcos, es consecuencia directa del enorme rendimiento en términos de velocidad que han alcanzado y que implica una navegación violenta y terriblemente húmeda, donde la proa levanta cortinas de agua que barren la cubierta e incluso golpean a los marinos que, habitualmente tienen que ir amarrados a las llamadas “líneas de vida” que impiden la caída de un hombre por a borda.
En determinadas condiciones, la tripulación del barco necesita equiparse al completo con cascos y viseras de protección, que eviten el riesgo de golpes violentos y protejan al mismo tiempo del impacto lacerante y corrosivo del agua fría en el rostro. Además, la ropa de protección y abrigo, tiene que constituir un equipaje personal exiguo, para evitar el peso y cumplir la imposible misión de mantener a los hombres secos y suficientemente protegidos.
Para completar el escenario de “la vida en el límite” hay que mencionar la precariedad en la que los hombres intentan descansar o dormir en cortos intervalos de tiempo, dado que todo el barco es una caja de resonancia para el ruido producido por el agua, por los esfuerzos del casco y de la jarcia, así como por los constantes movimientos de la maniobra en cubierta.
Con el paso del cabo de Hornos, al cabo de más de un mes de navegación vertiginosa y radical, los fatigados y exhaustos navegantes de la VOR, soñarán despiertos con el calor y con la luz deslumbrante de la costa brasileña. Pero, cuando lleguen, tendrán que revivir y curar sus heridas, las del cuerpo y las del espíritu, para volver a ser, solo en parte, lo que antes de la VOR un día fueron.