BLOG Quinto Real Náutica

El mar es lo que es la mar es eso en lo que se está. Almirante Eliseo Álvarez Arenas, miembro de la RAE

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Quinto Real Náutica

La reconstrucción del muelle E.

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Como si de una conjunción de astros se tratase, llegamos al puerto al tiempo que trabajan colocando la "escala real" del nuevo y reforzado "muelle E", aquel mismo que vimos abatir con todos sus barcos amarrados en la madrugada del pasado 24 de enero, el día de la "ciclogénesis explosiva". Vemos a los especialistas esforzarse en avanzar antes de la llegada de una perturbación de primavera que de nuevo provocará vientos fuertes y lluvias. 

 

En el resto dell puerto de Hendaya hay infinidad de averías y roturas. Abundan las reparaciones provisionales a fuerza de escuadras soldadas, cadenas y chapas atornilladas, todo ello para salir del paso y seguramente para reparar con tiempo. De momento, lo urgente era el nuevo muelle parar salir de apreturas. En otro plano están las negociaciones de las compañías de seguros, las peritaciones y las dificultades que trae consigo una jaleo de estos.

La temporada comienza y hay una gran actividad en la zona de carenado, se preparan los barcos para una nueva temporada ¿qué primavera seguirá a un invierno tan crudo?

 

Taller de Radio

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Por fin hemos podido poner en marcha nuestro modesto Taller de Simulación de Radiocomunicaciones en nuestra oficina de Cizur Menor. Todo un pequeño logro, sobre todo porque los ordenadores son malos barcos y las comunicaciones por radio encierran misterios por resolver. Nos ponemos a trabajar multiplicando el horario mínimo de las prácticas establecidas por 1,5, es decir, dos horas es poco y tres también.
Como más adelante vamos a navegar varios días juntos, no hay problema porque la radio estará ahora muy presente y prestaremos mucha atención a este nuevo sistema  DSC del GMDSS (vivan las siglas) que realmente mejora la seguridad de la navegación y ofrece bonitas posibilidades para la comunicación entre barcos y entre barcos y estaciones costeras de distinta índole.
Así que en plena Cuenca de Pamplona, hablamos y ensayamos durante varias horas: Avisos a los navegantes, llamada general, procedimiento de Urgencia, Socorro y Seguridad, todo entre pitidos diversos y el afan de comprender.
Vamos a mejorar mucho el sistema con nuevas ideas y al final, el Taller va a ser verdaderamente bueno, estoy convencido.

 

En los confines del Océano

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Es difícil imaginar cómo pueden sentirse lo tripulantes de los barcos que integran la flota de la regata oceánica Volvo Ocean Race 2008-2009 transcurrido más de un mes desde el inicio de la 5ª etapa en el puerto chino de Qingdao.   

Los cinco veleros que lograron tomar la salida, navegan ahora en la aproximación al Cabo de Hornos, más al sur del paralelo 50, en las condiciones extremas de los confines del Océano Pacífico Sur. Es evidente que “Life at the extreme”, la expresión que acompaña en todo momento a las presentaciones de la VOR, traduciéndolo por “La vida en el límite”, no es un lema tópico para la experiencia de los hombres que participan en este singular evento deportivo y humano.

   La etapa anterior, la cuarta, entre los puertos de Singapur y Qingdao, supuso una durísima prueba que dejó fuera de combate a tres de los barcos participantes como consecuencia de averías y roturas diversas, producidas por la inusitada dureza de los temporales que tuvieron soportar en una ruta hasta ahora nunca realizada en una regata oceánica de estas características.

12.500 millas, es la enorme distancia que separa los puntos extremos de la etapa actual, cuyo término está previsto en Río de Janeiro, en torno al 21 de marzo.

El reducido grupo de cinco veleros “VOR 70”, liderados por los equipos escandinavos del “Ericsson 3” y “Ericson 4” navegan a velocidades medias superiores a los 20 nudos en las condiciones habituales de estas regiones oceánicas, es decir, aguas frías, persistencia de temporales y navegación a rumbos portantes.

En las imágenes y videos que llegan vía satélite y que podemos ver en la página oficial www.volvooceanrace.org se observan muchas manifestaciones del rigor y la dureza de la competición en un clima extremo. Sin duda, la Volvo Ocean Race, es una experiencia al límite en varios aspectos, el humano, el material y desde luego, el intangible, es decir, el que se refiere al milagro de que los veleros y los hombres resistan esfuerzos tan prolongados como temibles.

El único barco español que participa en la etapa actual, el “Telefónica Azul” es un ejemplo de ello, ya que desde el principio de esta etapa, ha tenido la mala fortuna de encadenar averías complejas que se han solucionado gracias a la pericia indómita de su experimentada tripulación.

Otro de los problemas a los que se enfrentan estos nuevos  barcos, es consecuencia directa del enorme rendimiento en términos de velocidad que han alcanzado y que implica una navegación violenta y terriblemente húmeda, donde la proa levanta cortinas de agua que barren la cubierta e incluso golpean a los marinos que, habitualmente tienen que ir amarrados a las llamadas “líneas de vida” que impiden la caída de un hombre por a borda.

En determinadas condiciones, la tripulación del barco necesita equiparse al completo con cascos y viseras de protección, que eviten el riesgo de golpes violentos y protejan al mismo tiempo del impacto lacerante y corrosivo del agua fría en el rostro. Además, la ropa de protección y abrigo, tiene que constituir un equipaje personal exiguo, para evitar el peso y cumplir la imposible misión de mantener a los hombres secos y  suficientemente protegidos.

Para completar el escenario de “la vida en el límite” hay que mencionar la precariedad en la que los hombres intentan descansar o dormir en cortos intervalos de tiempo, dado que todo el barco es una caja de resonancia para el ruido producido por el agua, por los esfuerzos del casco y de la jarcia, así como por los constantes movimientos de la maniobra en cubierta.

Con el paso del cabo de Hornos, al cabo de más de un mes de navegación vertiginosa y radical, los fatigados y exhaustos navegantes de la VOR, soñarán despiertos con el calor y con la luz deslumbrante de la costa brasileña. Pero, cuando lleguen, tendrán que revivir y curar sus heridas, las del cuerpo y las del espíritu, para volver a ser, solo en parte, lo que antes de la VOR un día fueron.

 

Los marinos estudian.

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 Los marinos siempre han sido personajes literarios y protagonistas de aventuras. Lo siguen siendo  a pesar de la modernidad de los tiempos porque la vida de los hombres de mar se sitúa con frecuencia entre lo inverosimil y lo fantástico. No puede ser de otro modo, cuando al cabo del tiempo, se han vivido momentos insólitos, vivencias profundas o incluso devastadoras, amargura en las despedidas y pasión en los regresos. Es difícil no sentirse vivo en tierra cuando se ha dejado tanta vida en la mar.

Así que es fácil imaginar lo divertido que puede ser compartir con varios colegas un mes de formación para la obtención la habilitación  de Operador General del Sistema Mundial de Socorro y Seguridad Marítimo. Nada menos que cuatro semanas de clases, estudio, conversaciones y divertidas coincidencias con personas valiosas de las que se aprende mucho.

   

Caballeros como David, un marino cántabro, Armador y Capitán de pesca que ha pasado este tiempo estudiando de día y faenando de noche en su precioso pesquero que le esperaba cada tarde en el muelle con la máquina en marcha y la tripulación impaciente, para regresar de madrugada a tiempo de volver a la aula mientras el restro de los hombres descargaban la pesca en la lonja. 

Hombre duros como Pablo, todo fuerza y corazón, también venido del mundo de la pesca y ahora patrón de una goleta de 120 toneladas contratada por el Gobierno de Cantabria para dar a conocer el mar a los habitantes y a los numerosísimos visitantes de la Región.

 

Valientes nómadas como Aitor, buzo profesional y patrón especializado en transporte de barcos de recreo, o Jorge, madrileño afincado en Menorca dónde ejerce como patrón de un yate de lujo con el que frecuenta todos los veranos los puertos del mar de Liguria, Corcega o Cerdeña, o Luis, o Carlos, que también circulan de Isla en Isla y tan pronto hablan de un lugar remoto del Océano Pacífico como de una bodeguilla próxima dónde se puede beber un vino estupendo. 

Y otros, como Pedro, un hombre alegre y entrañable, miembro durante muchos años de la tripulación de uno de los barcos de Salvamento Marítimo, o Toni, patrón y armador del Siroco Diez, un velero oceánico con el que se gana la vida en la ruta clásica del Mediterráneo al Caribe, sin olvidar a Dina, la joven marino hija de marino, que se labra con mucho esfuerzo un futuro en el mundo del mar. 

De vez en cuando, uno piensa que la gente de tierra debiera de aprender algo de los marinos, tal vez a vivir sobre los pies, generosamente, allá dónde te encuentres, a poner tu corazón en manos del destino, porque los marinos lo saben bien: la vida es un viaje.

 

Tempestad en el Puerto.Testigos de la catástrofe.

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Hemos pasado la noche con un ojo abierto y el otro puesto en el lector del anemómetro hasta que este, que había señalado ya los 50 nudos, ha dejado de funcionar porque una fuerte racha lo ha arrancado del tope del mástil. Javier, mi amigo y vecino de puerto, estaba a bordo hacia las ocho de la mañana cuando el viento había recrudecido su intensidad y silbaba despiadadamente en un estruendo ensordecedor, haciendo escorar a impulsos violentos los veleros a palo seco y amarrados, como si estuvieran ciñendo en un viento malo y racheado. Ha sido a esa hora cuando desde la bañera del Quinto Real, que ha aguantado lo suyo sin quejarse, hemos podido contemplar atónitos cómo el muellle E, es decir el situado inmediatamente al sur del D, dónde amarra el QR, ha roto sucesivamente y en tan solo unos segundos, sus tres anclajes sobre los puntales pilotados al fondo de la dársena del Puerto Deportivo de Hendaya que, en sus veinte años de existencia no ha conocido episodio meteorológico de tan inusitada violencia.
 


Puede ver la colección de fotos y vídeos en http://picasaweb.google.es/quintorealnautica/CiclonHendaya24enero2009#
Mientras hacemos comentarios entrecortadamente, filmo con mi máquina de fotos el desplazamiento veloz y dramático del pantalán flotante de unos 100 metros de longitud que pronto va perdiendo su ordenada configuración dónde amarran unos 45 barcos, muchos de ellos de esloras importantes, por encima de los 12 metros. En tan solo medio minuto, el rosario de veleros y barcos de motor abate golpeando todo lo que encuentra a su paso hasta que se apoya en la escollera de sotavento, parte en la bocana de la marina y parte contra el muelle de los barcos de buceadores, bloqueando el canal Este que da acceso a medio puerto y cortando la salida al SNSM 149 "Bidasoa" , el barco de Salvamento marítimo francés que opera en la zona y que más tarde hubiera podido hacer una gran labor.
Mientras los barcos del muelle de los desdichados se comprimen caóticamente doblando candeleros y arrancando cables de la jarcia, nosotros nos preguntamos cuánto pueden resistir los pantalanes que todavía aguantan el embate de este viento salvaje y lo que debiéramos de hacer si todo esto se pone en marcha hacia un destino incierto.
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